Nos cuesta ver

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La humanidad siempre ha tendido a ocultar todos sus males y vergüenzas. Tan solo si uno lee un poco de historia se da cuenta que personas con defectos, enfermedades, problemas o simplemente de un extracto inferior en la sociedad, eran marginadas, aniquiladas o consideradas endemoniadas o locas y por lo tanto borradas de la vista.

A los argentinos de hoy nos duele en el alma la pobreza reinante en nuestro país. Día a día una mayor cantidad de nuestros hermanos pasa a un nivel inferior en su calidad de vida, sin posibilidades de acceder a una vivienda digna. Cada vez más niños sufren hambre y falta de educación y una orientación para un futuro digno. Cada vez más jóvenes se hunden en la droga, el alcohol y la delincuencia.

 

Sin embargo, tratamos de vivir como si esto no pasara. Quisieramos que esto no fuera así. En vez de ponernos a pensar y trabajar en como mejorar la situación nos pasa como al rey del cuento, que andaba desnudo, pero sus súbditos para no contradecirlo lo adulaban diciendo que hermosas prendas vestía, y finalmente él estaba contento pensando que eso era así.

Sea cual fuere el motivo, la realidad es que muchos hermanos están sufriendo. Necesitamos como sociedad darnos cuenta de la realidad, y ejercer un liderazgo que cambie la historia. Frente a un problema existen tres tipologías de personas: las que huyen, las que se quedan en el molde como si nada pasara y las que ven la realidad y asumen el compromiso y el trabajo para transformarla.

 

Artículo extraído de:

La voz del Peregrino

Ejemplar Enero 2017

Autor: Fernando Piñeiro

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