Ocultar a los pobres es ocultar a Dios

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pobreza Fedor Dostoiewski, en su libro Los Hermanos Karamazov, ante la pregunta de una mujer: ¿cómo recuperar la Fe? pone en boca del monje Zózimo esta respuesta: ¿Cómo? Mediante el amor, que lo hace todo. Procure amar al prójimo con un ardor inextinguible. A medida que vaya progresando en el amor al prójimo, se irá convenciendo de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma. Si alcanza la abnegación completa en su amor al prójimo, creerá ciegamente y la duda no podrá siquiera rozar su alma.

Amor al prójimo significa conocer sus necesidades y buscar mecanismos para satisfacerlas. Darle la espalda a la situación y cerrar los ojos, no mejora los problemas, sino los agrava. La pobreza y la marginalidad es un problema serio en la Argentina. Muchos hermanos viven de manera paupérrima sin acceso a lo mínimo indispensable para vivir. Agua y alimentos sanos, vivienda digna, caminos transitables y trabajos edificantes son beneficios a los cuales un alto porcentaje de la población no tiene acceso. Lo más cómodo es desconocerlo y seguir nuestra vida como si nada.

Jesús nos pide otra cosa. Como cristianos tenemos la obligación de abrir los ojos y reconocer la realidad, por más dura que sea. Sólo de esa manera podremos actuar con inteligencia y decisión, dejando que el Espíritu Santo nos ilumine y de fuerza a nuestras tareas. Jesús dijo que nadie puede amar a Dios, sino ama a quien tiene a su lado. La negación de los pobres e indigentes, a la larga o a la corta termina alejándonos de Dios  y destruyendo nuestros vínculos como hermanos.

 

Artículo extraído de:

La voz del Peregrino

Ejemplar Julio 2015

Autor: Fernando Piñeiro

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