Judas y Jesús

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Judas y Jesús: drama de una amistad  fracasada

Caravaggio - El prendimiento

Entre los personajes de la literatura, (Ulises, Antígona, Fausto, Don Juan, Electra, y otros) está Judas, aunque el texto que le da vida tiene una gran autoridad: el Evangelio. A menudo se quiso interpretar, entender, indagar, dar vida a su destino y significado.

Ninguna lectura se quedó en la simplificación del traidor movido por bajas pasiones, envidias, celos o avidez. Hay muchas interpretaciones: Judas desilusionado porque esperaba un Mesías liberador; Judas auténtico redentor, pues si Jesús venía a llevar los pecados del mundo, él – a diferencia de Jesús que los asume de modo simbólico – los toma sobre sí, liberando a los demás y pagando por la culpa un precio más atroz que el de Jesús, más desesperado e indigno. Esta tesis fascinaba a Borges. Existe un evangelio de Judas, apócrifo, que busca en las razones de Judas cada sombra del alma humana, su capacidad de bien y mal, la libertad de hombre frente al plan del Creador.

Otros relatan la historia de una amistad, una amistad fracasada por desgracia. Se trata de un estudio sobre la amistad, relación y sentimiento tan estudiados con agudeza, o retórica, o sofisticada psicología. Relación compleja, como cualquier relación humana; distinta y no menos importante que el amor y la familia.

También en la amistad, como el amor, hay dramas, alegrías y heridas. Amistad entre Jesús y Judas truncada de modo terrible, aunque sigue pese a la traición y a la muerte. Jesús, ¿tuvo amigos?  Son mis amigos, si cumplen mis mandatos, dice Jesús en su último encuentro con los discípulos, cuando Judas ya fe a entregarlo, y Jesús está muy perturbado. ¿Pueden existir mandatos en la amistad? Sí, en cada momento de una relación hay alguien más cercano a   la verdad, que entiende mejor las cosas de ese instante, y señala la ruta, aunque este papel de conducción, pasa de uno a otro. ¿Podía Jesús tener verdaderos amigos entre sus discípulos?  De algunos sabemos poco, de otros sabemos más: Pedro impulsivo y generoso, Juan genial y demasiado profundo, Mateo prototipo del misionero y del testigo que narra.

No es verdad, como dijo Nietzsche, que Jesús debería haber tenido discípulo  a Dostoiewski, único capaz de contar su auténtica vida. Los apóstoles lo entendieron bien, cada uno a su modo, y contaron su vida con inigualable fuerza y verdad. Es difícil pensar en alguno como amigo de Jesús, en el sentido más genuino del término amigo.  Ni siquiera Juan. Los discípulos son otra cosa, más alta y valiosa que la amistad, aunque ninguno es un amigo.

Sólo Judas aparece como capaz de una relación distinta con Jesús en el plano humano. Una relación de amistad – desfigurada por la traición y la culpa, si bien no borrada pues está en la raíz del corazón. Amistad que puede degenerar, aunque no esfumarse, lo mismo que Caín es el asesino de Abel, sin dejar de ser su hermano.

 

Artículo extraído de:

La voz del Peregrino

Ejemplar Marzo 2015

Autor: Claudio Magris, Trieste

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